Impedancia en la desfibrilación: el riesgo oculto detrás de los desfibriladores de 200 Joules
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Actualizado: hace 2 días

El paro cardíaco súbito es una de las emergencias médicas más críticas que pueden ocurrir dentro de una empresa, institución o espacio público. Cuando sucede, cada minuto sin intervención reduce drásticamente las probabilidades de supervivencia.
En Chile, la Ley 21.156 estableció la obligación de instalar desfibriladores externos automáticos (DEA) en distintos espacios de alta concurrencia. Sin embargo, la simple presencia de un equipo en la pared no garantiza una respuesta efectiva ante una emergencia cardíaca.
Uno de los factores técnicos más determinantes, y menos conocidos, en la eficacia de la desfibrilación es la impedancia transtorácica, es decir, la resistencia natural del cuerpo humano al paso de la corriente eléctrica durante una descarga.
Comprender este concepto es fundamental para evaluar la capacidad real de un desfibrilador cuando ocurre una emergencia.
¿Qué es la impedancia transtorácica?
La impedancia transtorácica es la resistencia eléctrica que presenta el cuerpo humano cuando la corriente de un desfibrilador intenta atravesar el tórax para llegar al corazón.
Durante una desfibrilación, la energía eléctrica debe atravesar distintos tejidos, como:
piel
tejido adiposo
músculos
huesos de la caja torácica
Esto hasta alcanzar el miocardio, el músculo cardíaco responsable del latido.
Cuando la impedancia es elevada, parte importante de la energía eléctrica se disipa antes de llegar al corazón, reduciendo la eficacia de la descarga necesaria para revertir ciertos ritmos cardíacos letales.
El problema demográfico: la realidad biológica del paciente chileno
En muchos entornos corporativos, los desfibriladores se adquieren bajo una lógica administrativa: cumplir con la Ley 21.156 al menor costo posible. El problema es que muchos dispositivos estándar fueron diseñados bajo el supuesto de un paciente promedio que no necesariamente representa la realidad demográfica de la población.
Diversos factores pueden aumentar la impedancia transtorácica y dificultar la eficacia de una descarga eléctrica, como:
Obesidad
En Chile, cerca del 74% de la población adulta presenta sobrepeso u obesidad. Desde el punto de vista eléctrico, el tejido adiposo funciona como un aislante natural que puede disipar parte de la energía del choque antes de que alcance el corazón.
Edad
Con el paso de los años se producen cambios fisiológicos que pueden aumentar la resistencia eléctrica del cuerpo, como:
menor contenido de agua intracelular
mayor densidad tisular
mayor rigidez de la caja torácica
Anatomía corporal
Las características anatómicas individuales también influyen en la resistencia eléctrica del tórax. Diferencias en la composición corporal o en la distribución de tejidos pueden modificar la facilidad con la que la corriente alcanza el miocardio.
El límite operativo de los desfibriladores de 200 Joules
Muchos desfibriladores externos automáticos disponibles en el mercado operan con una energía máxima de 200 Joules.
Desde el punto de vista clínico, iniciar la desfibrilación con este nivel de energía es completamente correcto y está respaldado por las principales guías internacionales de reanimación. Las recomendaciones fijan dosis iniciales para DEA bifásicos en 150-200J para adultos.
El desafío aparece cuando la impedancia del paciente es elevada.
Si la resistencia eléctrica del tórax es alta, una descarga fija puede no entregar suficiente energía efectiva al miocardio. En estos casos, la capacidad del dispositivo para aumentar progresivamente la energía en descargas posteriores se vuelve un elemento crítico dentro de la eficacia del sistema.
Escalada de energía: la respuesta clínica frente a la alta impedancia
Las directrices internacionales de reanimación, incluyendo las recomendaciones de la American Heart Association (AHA), indican que si una descarga no logra revertir el ritmo cardíaco, las descargas posteriores deben administrarse con niveles de energía iguales o superiores.
Este principio responde a un objetivo fundamental: superar la resistencia eléctrica del cuerpo y asegurar que suficiente energía alcance el corazón.
Por esta razón, algunos desfibriladores incorporan sistemas de escalada de energía, permitiendo aumentar progresivamente la potencia del choque cuando es necesario.
Más allá del equipo: el concepto de Bio-Eficacia
En el mundo real, la eficacia de una desfibrilación no depende únicamente del equipo. En RCPyDEA Chile, este enfoque se conoce como Bio-Eficacia, un concepto que describe la capacidad real de un sistema de cardioprotección para superar las barreras biológicas del cuerpo humano y responder eficazmente ante una emergencia cardíaca.
La Bio-Eficacia se sostiene en tres pilares fundamentales:
1. Tecnología de precisión
Los equipos deben contar con la capacidad técnica necesaria para responder a diferentes niveles de impedancia del paciente, incluyendo sistemas de escalada de energía cuando sea necesario.
2. Técnica y factor humano
Incluso el desfibrilador más avanzado pierde eficacia si el personal no sabe utilizarlo correctamente. La capacitación práctica en Resucitación Cardiopulmonar (RCP) permite desarrollar memoria muscular para actuar bajo situaciones de alto estrés.
3. Control operativo de insumos
Elementos como electrodos o baterías vencidas pueden aumentar la resistencia eléctrica del sistema y comprometer el paso de la corriente durante una desfibrilación.
Cuando uno de estos elementos falla, toda la cadena de respuesta se debilita.
La cadena de supervivencia aplicada al entorno corporativo

La Cadena de Supervivencia descrita por la American Heart Association (AHA) explica que la atención de un paro cardíaco depende de una secuencia de acciones críticas que deben ejecutarse sin retraso.
En entornos corporativos, esto implica que la respuesta ante una emergencia depende de varios factores coordinados:
reconocimiento rápido del evento
activación del protocolo de emergencia
RCP de alta calidad
acceso rápido a un desfibrilador
llegada de asistencia médica avanzada
Si uno de estos eslabones falla, las probabilidades de supervivencia disminuyen rápidamente.
Por esta razón, un desfibrilador instalado sin planificación, capacitación o mantenimiento adecuado se convierte en un eslabón aislado dentro de la cadena de supervivencia.
De un desfibrilador en la pared a una zona cardioprotegida
El objetivo de una estrategia moderna de cardioprotección corporativa no es simplemente instalar un equipo para cumplir la normativa. El objetivo es diseñar un entorno capaz de responder de forma efectiva ante un paro cardíaco.
Esto implica considerar aspectos como:
Ubicación estratégica de los equipos
Tiempos reales de acceso dentro de la infraestructura
Cumplimiento del estándar de distancia normativa
Mantenimiento operativo
Capacitación del personal
Cuando estos elementos se integran correctamente, las organizaciones avanzan hacia lo que se conoce como zonas cardioprotegidas, donde el sistema completo está diseñado para responder ante emergencias cardíacas de forma eficiente.
¿Tu empresa está preparada para responder a un paro cardíaco real?
Muchas organizaciones ya cuentan con un desfibrilador instalado para cumplir la normativa. Sin embargo, pocas han evaluado si su sistema realmente funcionará frente a la realidad biológica y operativa de sus instalaciones.
En RCPyDEA Chile desarrollamos evaluaciones de cardioprotección para el sector corporativo, analizando factores como:
Distribución de desfibriladores dentro de la infraestructura
Tiempos reales de acceso ante una emergencia
Preparación del personal
Control operativo de insumos críticos
Capacidad del sistema para enfrentar escenarios de alta impedancia
El objetivo no es solo cumplir con la ley, sino construir un Ecosistema de Bio-Eficacia que permita responder de forma efectiva ante una emergencia cardíaca.
Si deseas evaluar el nivel de preparación de tu organización, puedes solicitar una asesoría gratuita de cardioprotección corporativa con uno de nuestros expertos.



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